Juan Diego Botto se reinventa como director, sincero, irregular y sin cinismos, en el alma de Ken Loach

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Actualizado Martes, 6 septiembre 2022 – 19:44

El actor debuta como director en la Mostra de Venecia con ‘En los márgenes’, un colérico, frenético, veraz y (lo peor) demasiado sobreescrito descenso al infierno cotidiano de los desahucios

Juan Diego Botto posa con Penélope Cruz y Luis Tosar en la presentación de ‘En los márgenes’.ors Penelope Cruz and Luis Tosar during the photo call for the film On The Fringe during the 79th edition of the Venice Film Festival in Venice, Italy, Tuesday, Sept. 6, 2022. (AP Photo/Domenico Stinellis)Domenico StinellisAP

Mantiene Ken Loach que la sociedad actual que vivimos todos y padecen muchos ha convertido lo inaceptable en normal. En realidad, lo que le duele al venerable padre del cine social es el capitalismo en general y su versión neoliberal muy en particular. “El mecanismo consiste en que los humillados acaben por creer que la culpa es suya”, insiste siempre que puede y como prueba presenta su cine. Toda su filmografía (pero toda) es básicamente un compromiso con las dos afirmaciones de arriba y, apurando, consigo mismo. Digamos que Juan Diego Botto, actor lorquiano y director ‘loachiano‘, desembarcó el martes en Venecia con una misión: demostrar al mundo que ha visto todas las películas del maestro. Pero todas. Y hasta alguna de Scorsese. ‘En los márgenes’, su debut como director, parece una película, pero bien podría ser catalogada como un simple grito. Sincero, a veces ligeramente afónico, pero sonoro y claro, que es de lo que se trata.

Secundado por sus amigos, colegas, cómplices y hasta mecenas Luis Tosar y Penélope Cruz, cuenta Botto que todo surgió de una historia de celos. Tal cual. “Después de que Penélope me viniera a ver en una representación de ‘Un trozo invisible de este mundo’, nos plateamos hacer algo juntos. Lo primero que empecé a redactar fue un relato de amor con un desahucio al fondo. Pero según avanzaba el proyecto, se quedó lo segundo”, dice en lo que se antoja una descripción bastante nítida de su modo de andar por el mundo. Y añade: “Te das cuenta de que los ciclos informativos son muy caprichosos y algo crueles. Lo que es noticia todos los días desaparece, deja de ser noticia. Alguien diría que ya no hay guerra en Ucrania o que la gente ya no pierde su casa. Y no. Lo que sucede todos los días define la realidad, pero pierde interés informativo”. De nuevo y como diría el inglés, lo inaceptable se vuelve normal.

Y es ahí, en la confusión entre lo uno y lo otro, entre lo que a fuerza de cotidiano ha dejado de doler, donde se mueve una película tan colérica como emotiva, tan irregular como febril, tan puntualmente documentada como, admitámoslo, algo naif. Digamos que la mantiene a salvo la visceralidad y tamaño de los actores, la vocación de verdad y la claridad de la postura adoptada. ‘En los márgenes’ está en el bando en el que hay que estar, siempre a prudente distancia del más despiadado de los animales o el más imbécil de los amigos (según se mire): el cinismo. Bien es cierto, que le pierde lo que hipoteca a muchas óperas primas: la voluntad de contarlo todo, el ansia por transformar a cada personaje en albacea de una verdad sagrada. La sobreescritura del libreto se lleva por delante en más de una ocasión a esa indomesticable voluntad de verismo que tanto quiere.

Para situarnos, ‘En los márgenes’ cuenta las 24 horas de tres personajes de algún modo desahuciados. Cada uno a su manera. A una, el personaje de Cruz, el desahucio le llega porque, en efecto, la desahucian. A ella y a su familia. Otro, el abogado al que da vida Luis Tosar, se lanza en una carrera imposible y contrarreloj por los laberintos de la burocracia asistencial para evitar que una madre pierda a su hija. Ello a la vez que su dedicación a las causas nobles (y casi siempre perdidas) le condena a una vida sentimental en proceso de, otra vez, desahucio. Atentos, por lo demás, a Christian Checa en el papel de hijo con modales de padre. Y el tercero, Font García, asiste a la ruina y, otra vez, desahucio de sus padres porque un mal día avalaron con su casa un negocio del que ya no queda nada.

Cuenta Penélope Cruz que le impactó como una mujer le contaba con una sonrisa en los labios una larga lista de desgracias que iban desde la pérdida de la casa a un episodio de maltratos. “En esa vida cabían cinco películas”, dice la actriz que el día anterior paseaba por la alfombra roja a cuenta de ‘L’immensità’ de Emanuele Crialese. A su lado, el director se entretiene en relatar cómo la realidad apabulla y hasta ridiculiza a la imaginación. “Mis procesos de escritura son largos, pero en este caso, había tanto qué contar y tantas vidas que meter dentro que se hizo casi eterno”, comenta entre orgulloso y simplemente sobrepasado. Los dos, y en esto meten a Tosar, se acuerdan que de jóvenes les echaron del escenario por hacerlo mal delante de un texto de Shakespeare. Fue un primer fracaso que les hizo primero amigos y luego triunfar. A cada uno en lo suyo y a cada uno de una manera.

La cámara se mueve por cada escena siempre agitada y nerviosa. Por un momento, se diría estar dentro de la versión ‘hardcore‘ de la mítica ‘¡Jo qué noche!’ del citado Scorsese. A ratos, la película se teatraliza más de la cuenta. Por momentos, todo queda detenido en el rostro desolado de la misma desolación. Pero siempre, y pese a las irregularidades y dudas, queda la certeza de lo cierto; el rigor de lo injustamente invisible. “Federico García Lorca escribió: ‘Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre’. Se refería a la realidad detrás de las estadísticas. ‘En los márgenes‘ pone rostro a algunas de esas estadísticas. En España hay 41.000 desahucios al año, más de 100 al día…”, insiste Botto y Loach, da lo mismo donde esté ahora mismo, le da la razón.

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